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Me pidieron que presentara a mi amigo Carlos
“Yayo” de San Martín
Yo lo conocí por intermedio de una lista
de pesca con mosca hacia fines del 98. Por la manera en que escribía daba la
sensación de ser una persona con mucho que contar. Y cuando lo conocí
personalmente unos meses después no me equivoqué: en media hora me había contado
la historia de su vida, una vida que para una chica urbana como yo resultó muy
enriquecedora y fascinante.
Aunque nació en Buenos Aires, él es
patagónico: vivió en Playa Unión cerca de Rawson, en Trelew, Esquel, Gan-Gan y
ahora en Viedma. Se casó con una auténtica galesa y gracias a su suegra Glenys
conoció la pesca con mosca con una caña de bamboo que tuve la suerte de tener en
mis manos. Crió a sus tres hijos haciéndolos conocer de verdad la Patagonia, la
que él conoce, la difícil, la dura y la que enseña mucho. Recorrió mil veces los
caminos de Chubut, conoció otro mundo cuando se fue a Italia y Francia para
finalmente decidir volver y quedarse en su Patagonia.
Yo lo conocí cuando ya estaba instalado en
Viedma y fui afortunada de haber podido recorrer rincones de su tierra de la
mano de él y su familia. Nuestra amistad ya lleva sus años y sin embargo siempre
tiene historias para contar. Tuve la suerte de estar presente en la siembra de
truchas en el Río Negro, un proyecto de su autoría que todos desearíamos que
fuera apreciado por más gente que llegara a entender lo que eso puede significar
para el desarrollo de la Comarca Viedma-Patagones.
Sus versos de gaucho mosquero son una
pincelada de la Patagonia y de su amor por la pesca con mosca:
“El
día que emprienda el viaje
pa´pescar allá ne´l cielo,
quisiera dejar este suelo
mis lagos, ríos y arroyos
sin que me quede ni un royo
de mi “lup” sin estirar,
un mar de truchas pa´ pescar
pa’ mis hijos y los suyos,
sin que les falte ni un yuyo
de los que yo supe pisar”
Gracias Amigo por todo
Silvia "Sirenita" Bergamasco
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